Reseña CASABLANCA SIN BOGART

« Damián pretende ser escritor, sin embargo, ya no quedan historias por escribir. El joven vive en un mundo en el que incluso películas clásicas como ‘Casablanca’ son versionadas hasta la saciedad porque nadie es capaz de discurrir nuevos argumentos. ¿Qué hacer si todo está novelado? Sí, puesto que el Consejo de lo Original, conformado por los más grandes escritores vivos, siempre rechaza a los postulantes a escritor pretextando que “esa novela ya existe”.

“¿Por qué no buscan argumentos? Alguno de ustedes tendrá talento… Si fuéramos auténticos genios, nos asaltarían las ideas a cada paso que diéramos en nuestro trayecto para ir a comprar el pan”.

Pero los integrantes del Consejo de lo Original han urdido un plan para solucionar este problema, aunque es muy probable que incite a la rebelión de unos pocos. A veces, para ser un héroe, solo hace falta tener vocación de escritor » . 

Nunca la ironía se había utilizado tan bien en una novela. Casablanca sin Bogart es el ejemplo perfecto de cómo lo “no original” puede llegar a serlo más que nunca. Ana Durá nos lleva de la mano por un mundo en el que todo está escrito y es imposible encontrar alguna idea nueva. Aunque, ¿es eso cierto?

La novela gira en torno a una premisa: ya no existen historias originales, novedosas, que no recuerden a algo ya escrito. Casi parece un reflejo de la sociedad actual, en la que es muy complicado encontrar algo que no haya existido antes. Y ese es el reto al que se enfrenta el protagonista de la historia: Damián. Aunque antes de pasar al análisis de los personajes, me gustaría hacer hincapié en la ambientación de la novela, porque bien podría habernos hecho viajar a principios del siglo XX con sus descripciones y la forma de hablar de los personajes. Eso, queridos/as lectores/as, es de los puntos más novedosos del libro, además del hilo conductor. Y, por supuesto, no puedo olvidarme de la creación del Consejo de lo Original, un organismo tan magnífico como fatal.

Ahora sí, pasemos a Damián, Lucas y el señor Contreras.

Como ya he comentado, Damián es el protagonista de la historia, si bien comparte ese protagonismo con su amigo Lucas y con el nuevo integrante del Consejo, el señor Contreras. Gracias a este último personaje, se descubrirán los entresijos de la novela y nos encontraremos ante un giro dramático muy bien construido. De la misma manera, cada personaje tiene su propia voz, algo que es de agradecer. Personalmente, me entraron ganas de estrangular a Contreras durante la primera mitad del libro —cuando leáis la novela, sabréis a qué me refiero—, pero luego se ganó mi cariño en detrimento de Lucas. Ejem, no digo más.

La pluma de Ana es otro de los detalles reseñables. Escribe de forma contundente, con muchos adjetivos que, si bien ayudan a imaginar los lugares y las sensaciones de cada personaje, puede llegar a resultar un poquito pesado —para mi gusto, por supuesto. Las descripciones están muy bien escritas y la división del libro en tres partes ayuda a establecer los tiempos de la historia.

En definitiva, no es una novela de fantasía al uso. Tampoco se podría calificar como ficción urbana. Aunque nos cueste aceptarlo, es el reflejo de lo que sucede hoy día y del reto al que nos enfrentamos los escritores. Ana, en cambio, ha sabido superarlo con creces.

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