Reseña La chica zurda

Shih-Ching Tsou dirige por primera vez en solitario su ópera prima, ‘La chica zurda’, coescrita junto a Sean Baker, con el que llevaba años produciendo cine independiente. Lo hace con una sensibilidad y belleza que nos hace conmovernos en este drama familiar que remueve mientras, inevitablemente, te saca una sonrisa ante los contrastes que muestra.

Nos trasladamos a la vorágine de Taipei, junto a la familia protagonista, compuesta por una madre que trata de sacar adelante a sus dos hijas tras el abandono de su marido. Una de ellas, mayor, iniciando la adultez, no se conforma con nada, mientras que la inocencia de la pequeña dará lugar a situaciones que sacarán a flote secretos familiares cuando su abuelo, demasiado tradicional, le diga que a pesar de ser zurda no debe usar la mano izquierda, considerada la “mano del diablo”.

En ‘La chica zurda’ Shih-Ching Tsou nos muestra la dureza del sistema, con la precariedad en la que se mueven las protagonistas, buscando hasta la extenuación la forma de salir a flote a pesar de las deudas, la precariedad y la soledad. Porque ‘La chica zurda’  también habla de la soledad, de los secretos que se enquistan y el dolor que no se habla, como si de ese modo no existiera. 

En este drama familiar, los abuelos tradicionales y el resto de parientes tienen mucho que ver en esa soledad obligada con el intento de guardar las apariencias a toda costa, aunque todo se derrumbe alrededor. 

Por otro lado, el Taipei que se nos muestra gracias a una fotografía preciosa es vivaz, alegre, los colores brillan como lo hacen las preguntas, las dudas y la inocencia de la pequeña I-Jing, en contraste con la situación complicada y apagada, de los enfrentamientos entre Shu-Fen, una madre agotada, y su hija mayor, enfadada con el mundo, con la situación, con la pobreza y las renuncias que se ha visto  obligada a hacer. 

Janel Tsai  interpreta a la madre protagonista, y para mí, ver en pantalla a Shih-yuan Ma interpretando a la hija mayor ha sido un maravilloso descubrimiento. Nina Ye, nuestra niña zurda, se come la pantalla, por lo que el trío protagonista es un auténtico acierto, la química entre ellas hace que la película funcione a la perfección. 

No es de extrañar que haya sido seleccionada por Taiwán para representar a la Mejor Película Internacional en los próximos Premios Óscar, ya que ‘La chiza zurda’ es una película bellísima, además del claro ejemplo de que “lo que no se ve, no existe” acaba siendo insostenible. A veces ocurren cosas, hay gotas que colman el vaso y las palabras se expanden barriéndolo todo a su paso. 

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