Reseña UNA TORMENTA DE FUEGO

«Diez años después del desastre, solo un lugar en el mundo es seguro: el Hades. Cada persona tiene un cometido en su engranaje, un papel que no puede negarse a interpretar. Los civiles son agricultores, profesores, médicos… Los guardianes son personas sin vínculos ni pertenencias que consagran su vida a proteger a los demás. Los gobernantes lo controlan todo».

Si tuviera que definir la novela de Paula en una sola palabra, escogería «espectacular». Desde Mentes Poderosas y algún que otro beteo, no había vuelto a tocar una distopía que me atrapase tanto. «Una tormenta de fuego» es el inicio perfecto de una historia que no tardará en hacerse un hueco en las estanterías de todos/as los/as lectores/as.

Hablemos, en primer lugar, de la trama. El origen de todo es el Suspiro Negro, un virus capaz de matar a un humano en cuestión de días y contra el cual no sirve ningún tipo de medicamento conocido. A pesar de que esto pueda sonar muy tópico, me encanta cómo la autora se ha llevado a idea a su terreno y la ha convertido en algo original, único. La humanidad se ve aplastada en apenas unos meses y solo unos pocos inmunes y supervivientes aún pueblan la Tierra.

Es ahí donde entra en juego el Hades, el único lugar del mundo donde reside la vacuna. Su sociedad se estructura de una forma que me encanta y me horroriza a partes iguales. Ese es el don de Paula, el de hacerte sentir todo tipo de emociones en torno a los lugares y a los personajes.

Y hablando de estos… Tenemos a Astrid, nuestra protagonista femenina y guardiana del Hades. Y luego, en contraposición, la figura del prota masculino se divide en Kenneth, compañero de Astrid, y en Elliot, un aspirante a médico procedente de otro de los asentamientos más grandes que existen: el Alpha.
Astrid es fuerte, dura. Las circunstancias que conducen su vida la convierten en una persona desconfiada y reservada, incapaz de creer en nadie más que en sí misma y en sus habilidades. Kenneth se encarga de provocarla, de ponerla a prueba y de superar sus barreras. Sin embargo, cuando su plan no sale como esperaba, encuentra en Astrid a una enemiga. Y eso, amigos/as, no es algo que querríais. En cuanto a Elliot, lo que más deseas para él es meterlo en un búnker y que no le pase nada malo. Es el alma compasiva de la historia, un personaje maravilloso y mi favorito.

Puede parecer que Paula ha construido un triángulo amoroso —y, espero, que así sea, porque me flipan—, pero es algo mucho más complejo que eso. Si queréis saber a qué me refiero, leed la novela.

En definitiva, destacaría su pluma, su agilidad a la hora de describir las escenas y de plasmar olores, sabores y texturas. Es fácil imaginar los lugares y a los personajes, y sentirte muy cerca de ellos. Además, la edición y la maquetación están muy cuidadas. La portada es todo un espectáculo y el título es perfecto —ya entenderéis por qué si leéis la historia.

Solo le pongo un pero: me habría gustado poder conocer más de cerca los pensamientos de Elliot durante el último tercio de la novela. Espero con muchas ganas la segunda parte, pienso hacerme con ella en cuanto salga.

Si os gustan las distopías, no os podéis perder esta. Calidad garantizada.

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