RESEÑA CÓMO MATAR A UN INMORTAL

«Cuando Élemy, un joven aprendiz de alquimista, se encuentra por casualidad el elixir de la eterna juventud, no puede creerse la suerte que ha tenido. Hasta que un accidente le obliga a bebérselo para sobrevivir… y es la Muerte quien viene a su encuentro.
Risha es una segadora encargada de recolectar las almas de los muertos y devolverlas al Ciclo de la Reencarnación. Pero el espíritu de ese aprendiz de alquimista se resiste a abandonar su cuerpo. Decidida a culminar su trabajo, ella lo arrastra al mundo Espiritual. No podría haber elegido peor momento, pues allí la Gran Muerte busca al ladrón de una sustancia que podría poner en peligro el equilibrio entre ambos planos.
Entre rumores de traición, Risha y su equipo deberán averiguar cómo matar a ese inmortal antes de que la ira de Uróboros sacuda de nuevo el universo».

No sabía qué esperar de Cómo matar a un inmortal. No estaba segura sobre si me gustaría o no, pero desde que salió sentí el deseo de tenerlo en mis manos y averiguar qué había entre las páginas de Cristina Carou. Solo voy a decir una cosa antes de pasar a la reseña: me en-can-ta.

En Cómo matar a un inmortal tenemos dos puntos de vista: el de Élemy, un aprendiz de alquimista que se siente como el mayor fracaso de la Historia de la Alquimia, y el de Risha, una de las mejores segadoras de El Espiritual. Sus caminos se cruzan cuando Élemy se topa por casualidad con un elixir que, si fuese capaz de reproducirlo correctamente, podría otorgarle el reconocimiento de todo el gremio. Sin embargo, todo se tuerce en el momento en que cae por las escaleras y está a punto de morir; no le queda otro remedio que bebérselo. Y justo en ese momento, aparece Risha, dispuesta a recolectar su alma y llevársela al Espiritual para que se una al Ciclo de la Reencarnación. Por desgracia, no será capaz de enganchar su alma en la guadaña, porque el elixir le ha otorgado la inmortalidad. Solo queda una salida: llevárselo con ella y averiguar cómo deshacer semejante… error.

Los protagonistas no podían ser más distintos, y eso me encanta. Mientras Élemy se presenta como alguien tímido, débil y vulnerable, Risha es todo lo contrario. Su impulsividad le juega muy malas pasadas, aunque el arrepentimiento llega en el momento en que aparece el capitán de su equipo de segadores, Seth, y da la cara por ella ante la Gran Muerte.

A lo largo de la historia, conoceremos también a Ix y Huna (los traviesos mellizos), a Seo (una chica de biblioteca un tanto peculiar) y a Nika (alguien que os sorprenderá, seguro). Élemy se topará con todos ellos y aprenderá que 1) dar el Salto no es la solución y que 2) un libro puede ser el mayor aliado en momentos de dificultad. Por su parte, Risha también evoluciona, regalándonos una perspectiva diferente de cómo ve ella el Ciclo de la Reencarnación. Si tuviera algún personaje favorito, sería ella, sin duda.

Una de las mejores cosas que tiene la pluma de Cristina es su capacidad de sintetizar en los momentos adecuados y de explayarse en aquellos que merecen mayor atención (me ha gustado mucho las referencias constantes a la muerte según distintas culturas). Se le da muy bien describir enfrentamientos y dejar los diálogos con un punto de suspense constante. Me ha encantado el giro que le ha dado a los conceptos de Dios, el mundo espiritual, Uróboros, la Muerte y la reencarnación. Lo toca todo en su justa medida y sin destrozar nada. Lo ha hilado todo muy bien, algo que se agradece en una novelette tan diferente como esta. Era una apuesta arriesgada y, sin lugar a dudas, ha acertado de pleno con su desarrollo. Eso sí, me gustaría ver una continuación de Cómo matar a un inmortal: hay cositas que serían interesantes de ver y personajes con los que reencontrarse.

Si os apetece leer algo cortito, ágil, con una pizca de misterio mezclada con fantasía, unos personajes grises y un final inesperado, os invito a que os hagáis con Cómo matar a un inmortal. Es perfecto, tanto para amantes de la fantasía, como para recién introducidos al género. Un regalo magnífico y una aventura digna de vivir.

P.D.: Mención especial merece la portada, creada por Rebeca Cid, puesto que es una auténtica maravilla y contiene pistas sobre la historia 😉

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