AS BESTAS: LAS BESTIAS SALEN A LA LUZ DEL DÍA

Estrenada el pasado 11 de noviembre, ya podéis disfrutar de esta nueva producción española inspirada en un crimen real. Dirección de la mano de Rodrigo Sorogoyen y guión de Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen. La BSO de Olivier Arson, efectiva en todo momento y una dirección de foto por Alejandro de Pablo.

Con sus 137 minutos de duración, Rodrigo Sorogoyen se toma su tiempo en ir cociendo a fuego lento una atmósfera tensa, difícil de digerir e incluso terrorífica. Puede que estemos frente a una de esas películas donde el espectador vivirá el terror a la luz del día, en medio de paisajes frondosos y verdes y en una zona tranquila y rural de Galicia. Ya de por sí, que se genere esa emoción de thriller/terror a la luz es difícil de conseguir, pero Sorogoyen lo consigue con creces. Con unas interpretaciones muy destacables por parte de todos y cada uno de sus actores/actrices, en especial mención a Luis Zahera y Denis Ménochet. 

Argumento: 

Antoine y Olga son una pareja francesa que se instaló hace tiempo en una aldea del interior de Galicia. Allí llevan una vida tranquila, aunque su convivencia con los lugareños no es tan idílica como desearían. Un conflicto con sus vecinos, los hermanos Anta, hará que la tensión crezca en la aldea hasta alcanzar un punto de no retorno.”

Antoine (interpretado por Denis Ménochet), se muda a este pueblo de Galicia con la intención de retirarse, dedicarse a la tierra y sus cultivos y a reparar viejos caseríos de la zona para repoblarla. “Franchute”, que es así conocido por el pueblo, está poco dispuesto a vender sus tierras para la instalación de molinos eólicos. Cosa que Xan (Luis Zahera), no acepta ni lleva especialmente bien ya que supone una pérdida de dinero por parte de las empresas. Al llevar toda su vida en el mismo pueblo, se siente con más derecho de decisión que su vecino el “franchute”, que solo lleva un par de años allí. Antoine y su mujer Olga se ven amenazados ante la ira, racismo y agresividad de los hermanos Xan y Lorenzo. Todo esto con el fin de que el matrimonio francés se mude del pueblo, pero al no conseguirlo, las cosas comienzan a torcerse y torcerse.

En esta película se distinguen perfectamente dos partes: una primera donde una forma de narrar muy thriller-psicológico que nos recuerda, por ejemplo, a “Perros de paja”, y a ratos recuerda un estilo western de Sam Peckinpah. Cámara estática con planos más fijos, donde todo el peso de la puesta en escena recae en los actores, que trabajan narrativamente a favor de la cámara. Muchas escenas donde sólo con las miradas va cociéndose toda la tensión entre los personajes. Luego tenemos una segunda parte más dramática e intimista, donde nos centramos más en la historia de su mujer Olga (Marina Foïs) y la hija del matrimonio francés, Marie, interpretada por Marie Colomb. En esta segunda parte, la cámara se mueve y acompaña a los personajes en su travesía. 

Es, en mi opinión, una película totalmente atmosférica, que te atrapa y te da buenos golpes mientras estás sentado casi sin poder reaccionar a lo que tus ojos ven. Que sea una cinta basada en hechos reales no hace que te sientas mejor, evidentemente. Tiene unos cuantos momentos bastante tensos en ese bar, entre unas copas, entre partidas al dominó… momentos lentos que generan adrenalina. Una película que creo que debería verse al menos una vez y disfrutarse (¡y mucho!). Yo estoy reflexionándola y reposándola mucho y creo que volveré a verla. Esta crítica ha sido mi mejor ejercicio de reconciliación con ella. Buenísima opción para ver este fin de semana si no la has visto. Creo que podría ser de la favoritas en los Goyas. Una grata sorpresa.

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