Reseña LOS ANILLOS DE PODER

Partiendo de la base de que los derechos de El Silmarillion no pertenecen a ninguna productora, creo que podemos afirmar que Los Anillos de Poder ha sido un poco más de lo que los escépticos creían y un poco menos de lo que los fans del mundo de Tolkien esperaban.

Nos situamos en la Segundad Edad, varios miles de años antes de las historias de El Hobbit y El Señor de los Anillos, cuando los elfos ya hacía tiempo que habían viajado a la Tierra Media y se habían asentado allí, conviviendo con otras especies como los hombres, los enanos —con quienes tienen roces y diferencias— y los pelosos —precursores de los hobbits—. A lo largo de la serie, viajamos desde las Tierras del Sur hasta Valinor y Númenor. Podemos disfrutar de unos efectos especiales increíbles y de una banda sonora acorde a la serie. Por fin le ponemos cara a los antepasados de Aragorn —Elendil e Isildur—, y conocemos a una Galadriel y un Elrond mucho más jóvenes e inexpertos, y que llevan gran parte del peso de la trama.

Y aquí, creo yo, es donde comienza la polémica.

Mucho se ha criticado el hecho de que se nos presente a la Dama Blanca como una comandante terca y poco dada a la precaución. Tampoco vemos nada de ese poder que sabemos que tiene, y la conjunción de todos esos detalles hace que nos sintamos un tanto decepcionados. Con todo, la interpretación de Morfydd Clarck, la actriz que le da vida, es bastante buena. Ha estudiado los gestos de Cate Blanchett en su andadura como Galadriel, lo cual nos acerca un poco más a la Dama Blanca que conocemos.

Por otra parte, el actor que encarga al joven Elrond, Robert Aramayo, también ha seguido de cerca los pasos que dio Hugo Weaving hace ya tantos años. No obstante, creo que nos ha faltado su don de la premonición así como su sabiduría. Debemos destacar de él la relación de amistad con Durin IV, una relación inexistente en la historia original pero que ha calado profundamente en quienes han visto la serie y que el fandom ha catalogado como de lo mejor de Los Anillos de Poder.

Sin embargo, el mayor foco de atención, en mi opinión, se lo han llevado la pelosa Nori, el misterioso personaje que cae del cielo —no voy a desvelar quién es, porque han sabido guardar muy bien el secreto hasta el final— y Halrand.

A través de Nori, hemos conocido la bondad, la inocencia y el afán de vivir nuevas experiencias. Es un personaje con el que todos nos podemos sentir identificados: alguien que rompe con las normas establecidas, que prefiere mirar más allá del horizonte e, incluso, ayudar a un desconocido que cae del cielo como una bola de fuego y que ni siquiera sabe hablar.

Respecto a Halrand, me parece que es de los personajes mejor construidos de la serie. Dejando a un lado que sea o no “real”, le añade mucha profundidad a la historia y juega al despiste a la perfección, hasta el punto de que la reina regente de Númenor ni siquiera puede predecir sus pasos.

Para no alargarme más, quisiera destacar la calidad de los efectos visuales, lo estudiadas que están Eregion y Númenor, cómo se ha mantenido la estética de los orcos que ya nos presentaron en El Señor de los Anillos y la forma en que la oscuridad se va haciendo un hueco en la Tierra Media. El final, con la visión de los tres anillos de los elfos, es justo lo que necesitábamos desde el principio: ver con nuestros propios ojos aquello que le da nombre a la serie.

En definitiva, le doy una puntuación de 7’5/10 y quedo a la espera de que la segunda temporada nos traiga algo mucho más fiel a El Silmarillion. Según diversas fuentes, las expectativas de los fans se verán más que cumplidas. Esperemos que sea así.

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